La Paz. — La Central Obrera Boliviana (COB) ha vuelto a activar su maquinaria de presión. Tras rechazar la oferta gubernamental de un 3% de incremento, la dirigencia ha convocado a un paro de 48 horas exigiendo un aumento del 8% al salario mínimo y al haber básico. Los discursos en las calles hablan de la «dignidad del trabajador» y del «costo de la canasta familiar», pero un rápido vistazo a la calculadora revela que la verdadera victoria de esta lucha sindical se la llevarán los que menos marchan.
Las matemáticas de la «lucha proletaria»
Cuando la COB exige un incremento porcentual al haber básico, está aplicando la misma regla matemática para todos, lo que en la práctica multiplica la desigualdad.
Pongámoslo en números reales: para un trabajador promedio que gana el salario mínimo (rondando los 2.500 bolivianos), lograr ese anhelado 8% significa un aumento de 200 bolivianos al mes. Apenas lo suficiente para cubrir un par de kilos de carne y el transporte público de unas semanas.
Sin embargo, el panorama cambia drásticamente en las altas esferas. En Bolivia, sabemos bien que en los cargos jerárquicos y, sobre todo, en los directorios de empresas estatales «estratégicas» (hidrocarburos, telecomunicaciones, aviación), los sueldos pueden oscilar entre los 30.000 y 40.000 bolivianos mensuales. Para un gerente que factura 40.000 bolivianos al mes, ese mismo 8% que la COB exige a gritos representa un aumento de 3.200 bolivianos mensuales.
En resumen: la COB está paralizando el país para que un alto ejecutivo reciba, solo como aumento, más dinero que el sueldo total de un trabajador de base.
¿Y el 80% restante?
Mientras los dirigentes sindicales y el Gobierno juegan al tire y afloje por los porcentajes, la gran mayoría del país observa el conflicto desde la barrera de la informalidad. Casi el 80% de la población económicamente activa en Bolivia trabaja por cuenta propia, sin aguinaldos, sin seguro y, por supuesto, sin incrementos salariales decretados desde arriba.
Para este grueso de la población, el paro de 48 horas de la COB no significa un aumento en sus ingresos, sino todo lo contrario: calles bloqueadas, imposibilidad de vender, transporte encarecido y la inevitable subida de precios en los mercados que siempre acompaña al anuncio del 1 de mayo.
Al final, la «conquista social» de abril parece ser un negocio muy lucrativo para las planillas gerenciales, financiado con el sudor y los bloqueos de quienes menos ganan.