La Confederación de Trabajadores de Educación Urbana de Bolivia (CTEUB) ha vuelto a poner contra las cuerdas a la población. Para este lunes 11 de mayo de 2026, el magisterio ha convocado un paro nacional de 24 horas con suspensión de clases y bloqueos en las principales calles y avenidas. El dirigente Felipe Loza fue tajante al afirmar que las mesas de diálogo “no sirven para absolutamente nada” y que solo negociarán si el presidente asegura un alza salarial. En su pliego también exigen ítems y rechazan la «municipalización» de la educación.

Pero mientras los maestros preparan las marchas, la realidad en las aulas es alarmante. Diferentes estudios e investigaciones demuestran que la calidad educativa en Bolivia enfrenta desafíos críticos, registrando bajos niveles de rendimiento en áreas fundamentales como lectura, matemáticas y ciencias. Académicos y expertos en el área señalan que la educación superior y básica es deficiente, en gran parte porque el sistema moldea a los docentes para ser simples «instructores» en lugar de verdaderos profesionales de la pedagogía, estancando la educación en el conformismo.

A la crisis académica se contrapone un envidiable blindaje económico y laboral. A diferencia del sector productivo privado, el magisterio goza de estabilidad absoluta y múltiples beneficios. Apenas el mes pasado, el Estado boliviano desembolsó más de Bs 292,5 millones para pagar el «Bono Incentivo a la Permanencia», beneficiando a más de 174.000 docentes en todo el país. A este incentivo se suman otros como el Bono Fusionado, el Bono Económico y un Bono de Antigüedad garantizado.

Gracias al sistema del escalafón profesional, el salario de un docente se incrementa de forma automática con los años; un maestro que alcanza la categoría al mérito con años de antigüedad puede llegar a percibir alrededor de Bs 7.000 mensuales. Frente a este escenario de privilegios salariales e inamovilidad funcionaria, el chantaje de paralizar las calles este 11 de mayo por más dinero resulta, cuanto menos, cuestionable para una sociedad que exige resultados en la formación de las futuras generaciones.