Olvídense de la altura, de la falta de recambio generacional, de la dirigencia de la Federación o de que los rivales simplemente juegan mejor. El verdadero culpable de que Bolivia no esté empacando maletas para el Mundial ha sido descubierto, y el expresidente Evo Morales lo tiene claro: faltó césped sintético.
En unas recientes declaraciones que dejaron a los analistas deportivos rascándose la cabeza, Morales aseguró que el relativo éxito de La Verde de llegar lejos (antes de tropezar) fue gracias a la «reserva de talento» que se forjó en las miles de canchitas que él construyó durante su mandato. Sin embargo, el fracaso final tiene nombre y apellido: la falta de nuevas obras.
La fórmula matemática del éxito futbolístico
«La ciencia deportiva del proceso de cambio es simple», habría insinuado el exmandatario entre líneas. «Si con 1,000 canchitas llegamos al repechaje, con 2,000 ya estábamos en la final contra Francia». Para Evo, la falta de clasificación no es un problema de táctica, sino de infraestructura plástica. Si él fuera presidente, asegura, habría tapado el Salar de Uyuni con césped sintético solo para asegurar el pase de ronda.
Un dardo al actual Gobierno
Por supuesto, la excusa futbolística vino con su respectivo dardo político. Morales lamentó que la actual administración esté perdiendo el tiempo tratando de resolver «temas menores» como la escasez de dólares o la crisis de los combustibles, en lugar de enfocarse en lo verdaderamente importante: inaugurar una canchita en un municipio de 50 habitantes a las 6 de la mañana y jugar un partido amistoso con la alcaldía.
Mientras la hinchada boliviana guarda las trompetas y las banderas hasta las próximas eliminatorias, la receta para el éxito en 2030 parece estar escrita: menos entrenamiento táctico y más licitaciones de pasto plástico.