La Paz. — En lo que podría considerarse el rescate patrimonial más inusual del año, el famoso busto de bronce del expresidente Evo Morales ya no es un indigente institucional. Tras ser formalmente «desalojado» de los pasillos del antiguo edificio de la Asamblea Legislativa Plurinacional, la pesada efigie ha sido acogida por sus leales seguidores, quienes la trasladaron con el celo de quien escolta una reliquia sagrada.
La novela de la cabeza de bronce comenzó el pasado 26 de marzo, cuando el Senado, en un repentino ataque de sobriedad decorativa, ordenó retirar el busto argumentando la necesidad de recuperar la «institucionalidad» del Parlamento y evitar el siempre incómodo «culto a la personalidad». Así, la estatua —que vigilaba a los legisladores desde el periodo 2011-2012— fue desterrada de su pedestal.
El rescate y el «asilo» político
Pero la orfandad del bronce duró poco. Ante la indignación por el retiro, dirigentes del ala «evista» reclamaron la custodia del expresidente metálico. Este fin de semana, en un acto que roza el surrealismo político nacional, las autoridades legislativas finalmente empacaron la estatua y se la entregaron a sus partidarios.
El dirigente Leonardo Loza, visiblemente satisfecho, calificó el acto como un verdadero «rescate». Actualmente, el busto ha encontrado refugio temporal en la sede paceña del Instrumento Político. Sin embargo, este no es el capítulo final de su odisea.
A la espera del veredicto final
Según han informado los dirigentes, la efigie no se moverá de La Paz… por ahora. El destino final del monumento no será decidido por el partido, ni por una asamblea, sino por el mismísimo Evo Morales original. Se espera que el líder del Trópico sea quien designe el lugar de descanso «perpetuo» para su doble de bronce.
Mientras tanto, el busto permanece en la sede, escuchando los debates internos y recordando tiempos en los que su lugar estaba en el Palacio, inamovible, solemne y a salvo de las mudanzas ordenadas por el Senado. Queda por ver si el destino final de la estatua será una plaza en Cochabamba, un museo en el Chapare, o si simplemente se convertirá en el pisapapeles más grande y polémico de la historia política de Bolivia.